Homenaje

Cesar«El Loco» Cinalli

In Memoriam

La noche del 14 de julio de 2005 quedará en el recuerdo por siempre en la gente de Juan N. Fernández: La fecha en que asesinaron a «El Loco» Cinalli. Y quedará en el recuerdo porque a César, si se lo trataba, o lo querías o no. Pero no había otra opción. No había medias tintas, como fue la mismísima personalidad «del Loco». Pero más que elocuente fue el acompañamiento que tuvo a su última morada. Cuando la mitad de la caravana de autos estaba llegando a la necrópolis, aún estaban saliendo del casco urbano.

Cinalli

La muerte de César, casi la misma que sufrió su padre a casi su misma edad, trágica, absurda, temprana, cuando aún tenía muchas cosas que realizar y muchos sueños por cumplir, dejó «huérfanos» a muchísimos amigos y seguidores de su trayectoria deportiva. «El Loco» despertaba pasiones que, solamente los que la sentían, la entendían.

Es que, César, supo ganarse el corazón de mucha gente, abriendo el suyo incondicionalmente a quien quisiera tomarlo.

Sus comienzos en las pistas se vieron en la década del 70, en la categoría TC del 40 con un Chevrolet, marca con la que simpatizaba, a pesar que últimamente lo hacía con Ford.

La forma en que encaraba sus competencias, a todo o nada, a fondo y con el optimismo de ganar siempre, fue el reflejo de su vida misma.

Cinalli

Hay muchísimas anécdotas que lo pintan de cuerpo entero. Como cuando en Tandil, cuando corría en TC del 40, a raíz de un roce que tuvo, hizo un trompo y comenzó a girar en sentido contrario. O cuando últimamente llenaba su colectivo de amigos, los llevaba al circuito y pagaba las entradas. Cuántos corredores locales pudieron estar presentes en las competencias porque «El Loco» les daba una mano? Y no una «manito». Una mano llena y totalmente desinteresada. Con el único objetivo que su colega pueda correr, también. En fin. No me alcanzaría un libro para escribir la cantidad de vivencias de este tipo.

Seguramente habrá gente que opine lo contrario o que pueda hablar de diferente manera y a lo mejor tengan sus razones. Es lógico. César fue un ser humano con sus virtudes y sus defectos como los tenemos todos. Y el que no, que tire la primera piedra. Pero lo que no se puede negar que «El Loco» fue un ídolo popular en nuestra localidad y en la región.

«A mi me gusta correr y lo voy a hacer ahora que puedo», solía decir. «En una de esas a «El Barba» se le antoja llevarme y no me puedo quejar que hice en vida lo que me gusta». Y realmente él lo podía hacer cómodamente porque tenía mucha gente a su alrededor que espontáneamente se acercaba a ayudar. «El Serenito» se llamó la peña.

Cuando le hice un reportaje, hace un tiempo, estaba exaltado porque había sido víctima, en la carrera pasada, de un toque anti deportivo y al otro piloto no lo habían sancionado. «Claro, a mi me dicen «El Loco» y tengo la fama», me dijo y soltó la risa.

Cinalle

Así era «El Loco», querido, o no, confiado, arriesgado, idolatrado. Seguramente ya habrá encontrado alguna pista donde poder correr toda la eternidad. Aquí, en su Fernández, entre su gente, la falta de su persona nunca será reemplazada y su espíritu rondará cada taller, cada pista, cada coche, cada reunión tuerca y cada una de las carreras y jamás será olvidado.

Descansa en Paz, César. El automovilismo local siempre que acelere, será a tu nombre.

Cinalli

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